Cuando el entorno competitivo de una empresa cambia, o simplemente cuando su alta dirección se da cuenta que no está siendo todo lo eficiente que debiera, la única respuesta posible consiste en iniciar un proceso de cambio por muy difícil y arriesgado que pueda resultar. En mayor o menor medida, los procesos de cambio exitosos se han basado en las ocho fases que se enumeran a continuación.
1. Despertar un sentimiento de urgencia: Salvo en casos de crisis evidente, la mayoría de los empleados no se dan cuenta de la necesidad del cambio. Es responsabilidad del líder sacudir la organización y hacerles ver que mantener el statu quo ya no es viable. Sin esta primera fase, la empresa no lograría movilizarse para afrontar el cambio.
2. Crear un equipo fuerte para dirigir el proceso: Los miembros de dicho equipo han de tener posiciones relevantes en la jerarquía de la empresa y un prestigio indiscutible. Además, como es evidente, tienen que apoyar incondicionalmente el esfuerzo transformador.
3. El líder tiene que formular una visión apropiada de la empresa a largo plazo: Es el estado ideal que tiene que alcanzar la organización dentro de 10 ó 15 años. Esta visión tiene que ser fuente de inspiración para los encargados de hacerla realidad.
4. Comunicar ampliamente esta visión: El esfuerzo de comunicación a todas las esferas de la empresa tiene que ser considerable y continuo. Quedarse cortos en esta etapa es ir derecho al fracaso de todo el proceso.
5. Dar a las personas el poder de implementarla: La visión y su posterior traducción en una estrategia realista y operativa han de ser implantadas por los directivos de la empresa.
6. Producir resultados rápidos: Gracias a estos primeros resultados se ganará credibilidad y será más fácil convencer a los cínicos y a los más apáticos.
7. Generar ímpetu para vencer los obstáculos y la resistencia al cambio: cambiar las estructuras y políticas que no encajan con la visión, apartar a las personas que se oponen al cambio.
8. Fijar la nueva conducta en la cultura de la organización. Es decir institucionalizar el cambio, desarrollar el liderazgo y preparar la sucesión de los líderes actuales.